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INICIA EL RAMADÁN, EL MÁS TRISTE EN MUCHO TIEMPO POR CULPA DEL CORONAVIRUS
  23/04/2020

Sin visitas familiares ni rezos masivos, así se vivirá este periodo especial para los musulmanes

El mes de ramadán que comienza mañana viernes será radicalmente distinto por el coronavirus, sin visitas familiares ni rezos masivos en las mezquitas, y sin la animación callejera que caracteriza este periodo especial para todos los musulmanes. "Jamás en la historia del islam se ha vivido algo similar, ni en la extensión geográfica de las medidas de confinamiento ni en su carácter organizado, pues en el pasado solo algunas epidemias muy localizadas habían obligado a encerrar a la población durante el mes sagrado",

El ramadán es en su esencia un mes de ayuno, de oración y de obra social, pero es también un periodo en el que cambian las costumbres sociales, multiplicándose las reuniones familiares y de amigos, así como las salidas a las mezquitas. Toda esta dimensión social va a desaparecer por las restricciones impuestas a causa del coronavirus.

El ramadán es uno de los cinco pilares del islam, y solo se exime del ayuno a los niños, las embarazadas y los enfermos. En los pasados días muchas voces se han preguntado por la situación nueva que plantea el coronavirus, pero los diferentes teólogos han sido tajantes: solo los enfermos pueden saltarse el ayuno. 

"El miedo a la infección del virus no autoriza al incumplimiento a menos que la persona apoye su demanda en un informe médico que indique que puede caer enferma", indicó la pasada semana en una fetua la Unión Internacional de Ulemas Musulmanes. "No está permitido al musulmán saltarse el ayuno por la pandemia". 

La COVID-19 ya ha hecho tambalearse uno de los pilares del islam, como es la oración colectiva, con las mezquitas cerradas en todo el orbe islámico, y amenaza otro de sus pilares, la peregrinación a La Meca, prevista a fines de julio y donde cada año se dan cita dos millones de personas.

 El confinamiento

El confinamiento, vigente desde hace un mes en casi todo el mundo musulmán, va a obligar a que este año el "iftar" (la primera comida del día, con la puesta del sol) se practique solo junto a la familia nuclear. "Es como si desapareciese una marca nuestra: la hospitalidad", dice el sociólogo Ali Chaabani, quien cree por otro lado que el choque no será tan grande porque los fieles ya han tenido ocasión de hacerse a la idea después de pasar un mes encerrados en sus casas junto a los suyos. 

La mezquita

Hay otra cuestión definitoria del ramadán, como es la oración del tarawih, que se realiza una hora después del "iftar" en la mezquita. La afluencia de miles de fieles es tal que desbordan los templos y ocupan avenidas enteras para escuchar a los mejores recitadores del Corán, contratados para la ocasión. Salir a rezar el tarawih es para muchos musulmanes ingrediente esencial del ramadán: en la mezquita se encuentran con amigos porque, como en las demás religiones monoteístas, la oración individual no tiene en el islam el mismo valor que la colectiva. 

La imagen de las mezquitas cerradas con llave y candado en estos días, mientras el almuédano llama a la oración ante las calles desiertas, anticipa lo que va a ser el tarawih este año: una triste alternativa en la televisión o el teléfono celular. En Marruecos han aparecido unas guías para rezar el tarawih que circulan por Whatsapp, con indicación de cuántas aleyas del Corán deben recitarse hasta completar el libro sagrado a lo largo del mes, cada uno en su casa. Pero este "tarawih casero", aunque teológicamente venga validado por los ulemas, no puede sustituir en modo alguno al templo: "En ramadán las mezquitas se transforman en residencia secundaria para aquellos que van a rezar, dormir o simplemente huir de las preocupaciones familiares o laborales", dice Jarmouni. 

Calles sin ambientes

Las calles van a sufrir otro cambio radical este próximo ramadán: habitualmente repletas de compradores antes del iftar y de clientes de cafés o simples paseantes en las horas nocturnas, solo la Policía tendrá ahora derecho al paseo en busca de infractores. En la medina de Rabat, que en otro año estaría rebosante de gente haciendo las compras del ramadán, las pocas tiendas abiertas ofrecen un aspecto desolador


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